Prólogo 2009

Desde la azotea de nuestra torre musulmana en la costa andaluza de España diviso y observo a un velero con rumbo al oeste, al Atlántico. Quizás también quiera emprender, tal y como costeando por estos derroteros lo hicimos Peter Kammler y yo hace treinta años con la Mauna Kea viniendo desde Mallorca, poniendo rumbo al oeste, una vuelta al mundo. ¿Quisiera volver a bordo y navegar nuevamente hacia la aventura?

En aquél entonces cuando Peter, poco después de conocerme, me preguntó si quería dar la vuelta al mundo en barco de vela, todo en mí irradiaba alegría y entusiasmo. ¡Por fin me encontraba ante aquel reto personal que había estado esperando desde mi infancia! Tenía que afrontarlo, aún a pesar de todos mis miedos ante lo desconocido. Quería conocer, saber lo que había tras la puesta de sol – Rerum cognoscere causa.

Quería hacerme valer, superarme, y llegar a las orillas detrás del horizonte y quizás también de esta manera a mi misma. Cuatro años y 32.000 millas marítimas más tarde había superado el reto. Había vuelto, aterrizado de nuevo, llegado y estaba preparada para hacer frente a nuevos proyectos en tierra firme. Peter sin embargo siguió navegando, con una mejorada Mauna Kea II, nuevamente alrededor de medio globo terráqueo hacia Nueva Zelanda. Ahí es donde hoy en día se dedica a la cría de ganado vacuno. Nunca más lo he vuelto a ver.

Volví a casarme y con mi segundo marido Uwe Zimmermann estamos a caballo entre nuestra torre en la costa mediterránea andaluza y nuestro hogar en Berlin. Aquel mi viaje de hace ya casi treinta años me valió, a la edad de 27 años, para huir navegando de un ya definido futuro como profesora recién licenciada, que en aquél entonces me aterraba más que todos los por mi esperados sinsabores, amarguras y horrores en desconocidos y salvajes litorales. Me liberó de toda la estrechez de un Berlin en su tiempo encerrado, de la ciudad del muro y de la guerra fría.

Pero también entendí este viaje como una posibilidad única de documentarlo como la primera mujer alemana y, por ello, me dediqué durante todo el viaje a llevar con gran exactitud un diario. Por las noches en la mesa de navegación escribía largas cartas a casa, de las cuales la mayoría no llegaban hasta meses después y que mis padres guardaban. Tras mi regreso pude así apoyarme en una colección originaria de primeras impresiones, en la que se basa este libro.

En la actualidad las experiencias a bordo más bien suelen introducirse en vivo en un Power Book y se mandan como e-mail a través de satélite e Internet directamente a amigos y espónsores. De esta manera a la llegada al puerto uno navega prácticamente persiguiendo a sus informes. El manuscrito original de mi libro fue escrito con una pluma de mi período escolar. Después lo pasé a mi máquina de escribir portátil. Aún hoy disfruto ojeando aquél manuscrito incrustado de sal, que también me recuerda a aquellas interminables y solitarias guardias nocturnas mientras cruzábamos los océanos.

A mis editores, a los apreciados señores Delius, les agradezco la publicación en forma de libro de mis anotaciones de viaje. En años siguientes traduje del inglés para su editorial diez libros de aventuras de navegantes. Mi viaje y mi libro también me abrieron las puertas al periodismo. En la actualidad trabajo en profesión liberal como periodista y traductora. También sigo navegando, algo, y sigo sufriendo de los mareos típicos del mal de mar. El panorama político del mundo ha cambiado en parte desde que partí en 1970: Alemania se ha reunificado, así también nuestra vida en Berlin ha adquirido una nueva perspectiva.

El Apartheid en Sudáfrica se ha levantado, quizás aún a tiempo de darle la oportunidad de decidir su destino a mi pequeño chico de color „David de Durban“, del cual hablo en este libro. Ahora bien: El Atoll Muroroa en el Pacífico sigue amenazado con hundirse, tras cerca de 200 experimentos atómicos llevados a cabo por parte de los franceses. En Angola siguen azotando las así llamadas „guerras de liberación“. Lo mismo ocurre en el Timor portugués. En las Islas Fidji recientemente ha vuelto a haber una rebelión contra los inmigrantes asíáticos. Ante mi admiración aún hoy Sir Ratu Kamisese sigue siendo el jefe de estado. La protesta terminó rápidamente. Probablemente volvió a exigir, así como ya hace casi 30 años en un discurso radiofónico: „Chicos, id a trabajar, somos demasiado pobres como para una revolución.“

Mientras estoy aquí sentada, el velero en el horizonte navega adentrándose en la puesta de sol y me recuerda la libertad que puede encontrarse allá afuera. Y también me recuerda a la libertad interior que me he traído para siempre una vez de vuelta a mis orillas.

Acerca de mi vida....

Nacida en 1943 en Frankfurt/Oder – Alemania. Selectividad en Delmenhorst, al norte de Alemania. Estudios -filología alemana y ciencias de la actividad física- en la Universidad de Berlin y en la Universidad de Kiel. En Kiel primeras experiencias en navegación a vela y obtención del permiso básico. Cambio a la Facultad de Pedagogía de Berlín: estudios de magisterio. En 1967 me casé con el ingeniero Peter Kammler. En 1969 obtención de la Licenciatura. A partir de este momento comienzan los preparativos y se inicia la aventura de nuestro viaje. Tras tres años y medio de navegación alrededor del mundo y cerca de 32.000 millas marinas en el velero „Mauna Kea“, en abril de 1974 se cierra el círculo: la tierra realmente resulta ser redonda. En 1975 escribo mis relatos de viaje „Komm, wir segeln um die Welt“ („Vamos, demos una vuelta al mundo en velero“), un libro del que hasta la fecha se han impreso más ejemplares que millas marinas por mi navegadas. Peter y yo nos divorciamos poco después. Él continuó navegando, yo me quedé en tierra y me volví a casar: con Uwe-Jens Zimmermann, un publicista de Berlin. En 1976 empecé con mi nueva vida como periodista para diarios de Berlin y la revista „Yacht“. Asimismo traduzco al alemán obras literarias inglesas que narran aventuras en veleros en las que se vivieron momentos apasionantes parecidos a los míos. También he seguido viajando: a traves de Suramérica, Norteamérica y mucho por Europa; ahora bien, he recurrido más a aviones y coches.
Desde 1990 me muevo entre dos puntos: Berlin y Granada –
un ir y venir navegando al largo y sin guardias nocturnas.

Beate Zimmermann-Kammler
Almuñecar – Granada en 2009

 

 

Vamos, demos una vuelta al mundo en velero